Alberto Santiago | Espanish in London

De Noia, A Coruña. 33 años. 4 años en Londres.

Trabajo en el restaurante japonés Roka, uno más exclusivos y famosos de Londres. Llevo unos quince años dedicándome a la hostelería. En España estuve trabajando principalmente en restaurantes y catering de alto nivel.

Venir a Londres fue una decisión tomada a loco [risas]. Estaba cansado del trabajo que tenía y me encontraba desmotivado porque en España la hostelería está bastante estancada, no está valorada y no se la toma como una profesión. Mucha gente piensa que por ser camarero eres un esclavo o una persona que no puede trabajar en otra cosa. Cuando decidí dejar mi trabajo y marcharme de Galicia, me puse a pensar es diferentes destinos, incluso dentro de España. Pronto llegué a la conclusión que tenía que marcharme a un país angloparlante debido a que ya sabía inglés. En primer lugar pensé en Estados Unidos, porque tengo familia ahí. Finalmente, rechacé esa idea porque me puse a pensar en mi madre y lo mal que estaría si me fuese tan lejos. Principalmente, me decanté por Londres por la cercanía a casa y por el idioma. También influyó que unos amigos de la familia viven aquí, ellos me tendieron una mano y me ofrecieron su casa. Siempre se agradece tener un techo donde dormir cuando llegas a un lugar desconocido.

En España la hostelería está bastante estancada, no está valorada y no se la toma como una profesión. Mucha gente piensa que por ser camarero eres un esclavo o una persona que no puede trabajar en otra cosa.

El mayor reto creo que ha sido lidiar con la soledad. Cuando llegas aquí te encuentras sólo, sin familia, sin amigos, sin trabajo… tienes que ser fuerte para superar esa primera etapa. Uno de los momentos más duros fue la primera noche que me mudé de casa de los amigos de mi familia. Ahí me di cuenta que estaba compartiendo piso con un grupo de extraños, en un país totalmente desconocido. Con el tiempo no me quedó otro remedio, que mirar hacia adelante. Pensaba: “muchos se han encontrado en la misma situación. ¿Por qué no puedo yo hacerlo?”. Una vez entras en la rutina de trabajo todo va a mejor: la ciudad te va absorbiendo, te vas acostumbrando al ritmo de vida y empiezas a conocer gente nueva. Afortunadamente soy muy abierto y tengo la facilidad de conocer mucha gente. Veo un perro por la calle y me pongo a hablar con él [risas]. Ahora no me siento sólo y creo que estoy bastante integrado en la ciudad. Disfruto mucho teniendo amigos de mucha partes del mundo: españoles, británicos, chinos, libaneses, etc. Cuando estaba en Galicia jamás habría imaginado que tendría esta oportunidad de conocer tantas culturas y personas.

Normalmente trabajo unas cincuenta horas a la semana: dos días libres, tres con turno doble y el resto sólo por la mañana, saliendo a la cinco de la tarde.

Mi día a día en Londres está marcado por mi trabajo. Suelo levantarme temprano, intento hacer cosas en casa, pues soy muy amo de casa [risas]. Como vivo con una familia inglesa, paso mucho tiempo con los niños y saco los perros a pasear. Una vez que llego al trabajo, soy una persona totalmente distinta. Las horas se me pasan volando y disfruto cada minuto que estoy en el restaurante. Cuando salgo, procuro hacer algo antes de volver a casa, aunque sea sentarme en un parque a fumarme un cigarrillo. Normalmente trabajo unas cincuenta horas a la semana: dos días libres, tres con turno doble y el resto sólo por la mañana, saliendo a la cinco de la tarde. En los días libres procuro quedar con amigos y hacer todo lo que pueda, no paro ni un minuto. No obstante, después de trabajar cincuenta horas en Londres, con tus viajes en metro, las carreras, el estrés… también necesitas días de Netflix y palomitas [risas]. A veces que apetece quedarse en casa, desconectar el teléfono y pasar de todo el mundo.

Mi sitio favorito de Londres, es la misma ciudad como tal. Hay un rincón en el centro que me encanta, Neil’s Yard: es una plaza pequeñita, está cerca de Leicester Square y Covent Garden, con casas de colores parecidas a Portobello Road. Hay varias terracitas dónde puedes tomarte una cerveza o una copa de vino, ahí todo sabe a gloria. También me gustan mucho los canales de Little Venice en verano. En general, creo que cada rincón de Londres tiene algo muy diferente y que vayas donde vayas, todo tiene su encanto.

Antes era muy orgulloso, pensaba que era muy bueno en mi profesión y que sabía mucho. Aquí he aprendido a callarme la boca.

Londres me ha cambiado para mejor. Aquí he engordado mucho [risas]. Hablando enserio, esta ciudad me ha enseñado más que haberme cambiado como tal. Antes era muy orgulloso, pensaba que era muy bueno en mi profesión y que sabía mucho. Aquí he aprendido a callarme la boca y a tragar si quieres alcanzar lo que te has propuesto. Esta es una ciudad que me ha enseñado a respetar, no solo a exigir respeto como hacemos en España. Y sobretodo a valorar cada día, porque cada día es diferente y cada día se aprende algo nuevo. También he aprendido a no tener prejuicios. Tenemos una idea de que los ingleses son fríos y no son amistosos. Creo que los londinenses están acostumbrados a tratar con personas de todo el mundo y respetan mucho que intentes acomodarte, aprender sus costumbres e integrarte en la ciudad. Pienso que en España esto no lo hacemos y que no vemos a los inmigrantes con buenos ojos. Al principio tenía miedo de cómo me iban a tratar y que pensaran que iba ser otro “españolito” más que les iba a quitar el trabajo. Con el tiempo me enseñaron que son personas dispuestas ayudar. Por ejemplo, cuando llegué, le pregunté a un señor por la calle la dirección de un lugar donde tenía una entrevista de trabajo, lo buscó en su móvil y me acompañó hasta la puerta del lugar. Esto fue algo que me marcó.

No volveré a España. No entra dentro de mis planes de futuro. No considero que nuestro país sea un lugar donde pueda crecer profesionalmente y pueda labrarme un porvenir como aquí.

Tengo morriña de España todos los días. Todos los días pienso en mi tierra. Lo que más echo de menos es mi familia y las tonterías del día a día, como tomarte una caña y que te pongan una tapa o un pincho. Echo de menos coger el coche e ir a ver a mi madre cuando me encuentro mal. Cuando voy a mi casa, no muy a menudo, me siento muy bien, pero a los tres días ya empiezo a echar de menos Reino Unido. Estoy un poco dividido, cuando estoy aquí tengo nostalgia de España y cuando voy allí echo de menos Londres.

No volveré a España. No entra dentro de mis planes de futuro. No considero que nuestro país se un lugar donde pueda crecer profesionalmente y pueda labrarme un porvenir como aquí. En el momento en el que vea que en nuestro país se nos valora como profesionales y se nos cuida, puede que piense en volver. Mi plan para este año es comprarme un coche aquí. Más a largo plazo tengo pensando comprarme una casa y empezar a construir mi vida aquí. Eso lo tengo muy claro.


Written by Espanish in London