Guillermo Borao | Espanish in London25 años. De Zaragoza. Casi un año y cuatro meses en Londres.

Estudié Periodismo en la Universidad San Jorge de Zaragoza. Después de tres años trabajando en una empresa de Marketing, decidí poner punto y final y lanzarme a vivir una nueva aventura en Reino Unido.

En realidad, no sé por qué elegí Londres. Quizá porque hay vuelo directo desde Zaragoza. Todo surgió de un día para otro, hablando con un amigo sobre la idea de marcharnos a vivir una experiencia distinta. Mi primera motivación fue el idioma. Hoy en día, cualquier profesional necesita un nivel alto de inglés. Es lo que te abre las puertas a trabajar en otros países y ser competitivo en el mercado laboral. Por otra parte, estaba deseando dar un giro radical. Tuve mucha suerte de entrar en una gran empresa como periodista nada más terminar la carrera, pero después de tres años en la misma oficina me veía estancado, me sentía demasiado joven para quedarme ahí y de repente llegar a los treinta y darme cuenta de que tal vez había perdido años en los que uno debe progresar tanto profesional como personalmente.

Entonces me iba al almacén, me ponía a escuchar música mientras doblaba ropa y se me caían las lágrimas pensando: “Vale que no me entero de nada del inglés. Pero yo no soy tonto y en mi vida lo he sido, y aquí me siento como si lo fuera”.

Mi auténtico reto ha sido sin duda aprender inglés. Llegas creyendo que tienes un nivel decente a la hora de comunicarte y cuando te hablan parece que estás escuchando hablar ruso [risas]. El idioma me sigue sin gustar, lo siento frío y lo he aprendido porque es lo que toca. Estoy muy orgulloso de todo lo que he mejorado durante este último año. Siempre hay palabras que faltan o estructuras gramaticales que es preferible evitar, pero últimamente he tenido entrevistas de cuatro horas en embajadas, grandes compañías o agencias y el idioma ya no ha sido un problema. Al principio, por supuesto que sí, porque no era nada fácil conseguir un trabajo que pudiera darme una estabilidad y un futuro si no enlazaba ni dos frases seguidas. Supongo que ese fue mi otro gran reto. Lo bueno de Londres es que te ofrece muchas oportunidades de cualquier tipo, aunque también te desgasta muy rápido.

La verdad es que yo no me puedo quejar. En la primera tienda de ropa que dejé el currículum, ya me cogieron. Recuerdo cuando entré, diciendo con un profundo acento español: “Hello, my name is Guillermo. Can I talk to the manager?”. Afortunadamente, el responsable de la tienda era periodista, portugués y hablaba castellano perfectamente. Había llegado el mismo día a Londres que yo, pero cinco años antes y en condiciones similares. Supongo que se vio algo reflejado y se apiadó de mí. Llamó a un chico inglés y me pidieron que hiciera una prueba para ver cómo me defendía. Se suponía que tenía que venderle un abrigo y acabé llevándolo a la sección de mujer y me puse a hablarle de los pantalones. Y aun así me contrataron [risas]. El principio fue muy duro. Me colocaron en la puerta y era la primera persona que los clientes veían al entrar, por lo que la mayoría se acercaban para preguntarme. En el saludo ya me bloqueaba y no todos mis compañeros me echaban un cable. Conforme pasaban los días, la situación se volvió frustrante. Cuando me veían muy perdido, me mandaban al almacén y me ponía a escuchar música mientras doblaba ropa y se me caían las lágrimas pensando: “Vale que no me entero de nada del inglés. Pero yo no soy tonto y en mi vida lo he sido, y aquí me siento como si lo fuera”. A los dos meses, un compañero lituano de la tienda –que luego se convertiría en el protagonista y nombre de mi primera novela “Rytas Lipitas” – se fue de vacaciones dos semanas. Cuando volvió, me intentó tomar el pelo y, por primera vez en lo que llevaba ahí, pude contestar como es debido. Ese fue para mí el primer punto de inflexión, el momento en el que me noto capaz de expresar con palabras lo que realmente pienso. Poco a poco fui saliendo a tomar algo y en conversaciones múltiples iba cogiendo cosas de cada uno. Ahora voy al cine, veo películas sin subtítulos, llamo por teléfono a todos los sitios y lo único que diría que me sigue costando son las bromas y los juegos de palabras.

Aunque pensemos que el nivel de vida en nuestro país es malo, es muy superior al que tiene Reino Unido. Londres no responde a la cultura del país, es una ciudad cosmopolita e impersonal. 

El segundo punto que considero clave de Londres tiene que ver con un post en mi blog. A los cinco meses de estar aquí, quise contar mi experiencia, redacté un artículo y lo colgué en un grupo de Facebook. Al parecer, lo leyó una de las directoras de un medio online que se encargaba de hacer algo parecido para la comunidad latina y me ofreció colaborar con ellos como periodista, escribiendo una publicación semanal. Fue en esa misma página web donde al poco, en una de esas noticias que otros periodistas subían a la plataforma, se anunciaba que una agencia buscaba actores españoles en Londres para una película. Yo de actuar no tenía ni idea más que alguna cosa amateur o universitaria, pero les mandé mis datos. Lógicamente, no me dieron el papel, pero empezaron a llamarme para participar en anuncios de televisión, producciones de Hollywood o series de la BBC. Ahora trabajo con cuatro agencias más y en este tiempo he estado en algunos rodajes como ‘Assassins Creed’, donde le coloco la armadura a Michael Fassbender, o ‘The Foreigner’, el último film de Jackie Chan, que ha armado mucho revuelo porque se explotó un autobús en medio del puente de Lamberth. La única pega de todo esto es que, aunque sean trabajos increíbles, nunca se sabe cuándo te van a llamar. Puedes grabar un mes seguido como encontrarte en otro en el que solo te han salido un par de cosas. Ahora estoy pendiente de que me confirmen para dos meses en ‘Star Wars, Episodio VIII’. Sería una experiencia única. Aun así, mi día a día es leer y escribir. Me lo pongo como norma. Algunas semanas tengo muchos días libres y aprovecho para conocer pueblos cercanos a Londres o disfrutar de un tranquilo paseo por los parques de Leytonstone, que es donde vivo.

Cuando estás en Londres aprendes a apreciar todos esos detalles que nunca antes habían sido tan importantes.

Londres me ha cambiado. Me he hecho muy mayor en un año. En el buen sentido y en el malo. En el bueno, te haces mayor porque vives todo muy rápido, que es como se vive esta ciudad. Por otra parte, creo que Londres desgasta un poco más de la cuenta. Ahora me apetece simplemente estar en mi casa de la playa, con mis padres, mi hermano y con un libro frente al mar. Quiero paz.

Echo de menos todo de España. Aunque pensemos que el nivel de vida en nuestro país es malo, es muy superior al que tiene Reino Unido. Londres no responde a la cultura del país, es una ciudad cosmopolita e impersonal, cuesta mucho sentirte que estás en casa porque esta ciudad no te acoge. En España tenemos tanto… Lo que pagaríamos en Zaragoza por un piso entero sería irrisorio si lo comparamos con lo que se paga por una habitación cochambrosa en Londres.

Mi plan es volverme definitivamente a España antes de verano. He enviado una solicitud de beca a una fundación para jóvenes escritores, con un proyecto titulado: “Esto es lo único que quiero”. Ojalá haya suerte porque es tal cual, estar en esa fundación y seguir con mi carrera literaria. Todo lo demás es vivir y sobrevivir. Cuando estás en Londres aprendes a apreciar todos esos detalles que nunca antes habían sido tan importantes: un plato limpio, un suelo fregado, unas sábanas recién puestas… al fin y al cabo todas tus cosas. Ahora me doy cuenta de que todo lo que tengo en mi vida en España es lujo.


Written by Espanish in London